Tortícolis: cómo se produce y cómo evitarla

Nov 18, 2020 | SALUD, TE ACONSEJAMOS

¿Cuántas veces nos ha podido pasar a lo largo de la vida? Despertarnos y sentir ese dolor en el cuello al que rápidamente le sabemos poner nombre: tortícolis. Un problema físico de índole recurrente al que, además de bautizar, deberíamos de parar. Y la solución está a nuestro alcance.

¿Qué es la tortícolis? Causas y síntomas

Llamamos tortícolis a esa contracción muscular prolongada en la región del cuello que acaba originando un dolor tan intenso que incluso nos mengua la capacidad de movimiento. Este tipo de afección induce que nuestra propia cabeza apunte hacia un hombro, por lo que nuestro mentón señale hacia el opuesto. Según indican los expertos, mientras no exista un cambio de postura en el cuello, estaremos hablando de contractura muscular y nunca de tortícolis. Por ello, es importante el matiz que hemos comentado sobre la posición de nuestra cabeza. Además, más allá de este cambio de postura y del lógico dolor que sufrimos, podemos padecer afecciones importantes en el caso de desemboque en síndromes de dolores radiculares hacia nuestros brazos.

La tortícolis no entiende de edades, por lo que puede aparecer tanto en la edad adulta como en la vejez o en la niñez. En este último caso, hasta los bebés pueden padecer este malestar. Podemos saberlo cuando la cabeza del recién nacido se sitúa en una posición incorrecta, probablemente mientras se desarrollaba en el útero de la madre.

Por regla general, existen tres causas diferentes por las que se acaban produciendo las tortícolis:

– Por causas hereditarias y cambios genéticos.

– A causa de lesiones musculares provocadas por malas posturas, movimientos bruscos y un mal descanso nocturno.

– Por trastornos en el sistema nervioso como estrés o fatiga.

Respecto a los síntomas de la tortícolis, gracias a su sencilla detección podemos clasificarlos en los siguientes puntos:

– Dolores cervicales.

– Movimientos limitados en la zona del cuello y de la cabeza.

– Rigidez del músculo esternocleidomastoideo (ubicado en el cuello).

– Temblores en la cabeza.

– Posturas anormales en la cabeza.

– Hinchazón en los músculos del cuello, provocando así limitación de movimientos.

¿Cómo podemos evitar la tortícolis? La importancia de dormir sobre una buena almohada

Tal y como hemos comentado en las causas, la patología conocida como tortícolis tiene en las malas posturas uno de sus detonantes más repetidos. Ya sea a través de prácticas deportivas como el típico movimiento brusco que hacemos sin querer, su origen dictamina que en la vida cotidiana es donde hemos de poner más énfasis y cuidado. Y esto nos lleva a algo tan importante como la calidad del sueño y poseer el mejor equipo de descanso posible.

El simple hecho de dormir sobre almohadas demasiado altas o demasiado bajas, puede acabar produciendo la aparición de esta molestia tan desagradable que nos va a minar el rendimiento laboral o familiar.

Para evitar esas malas posturas, lo primero que deberíamos hacer es sustituir nuestro viejo modelo de almohada por otra cervical. Este tipo de modelos cuentan con una pequeña zona curvada en la parte central con un desnivel que permite que el durmiente esté en contacto con la parte más alta mientras su cabeza descansa en la mencionada curva que forma la almohada. Además, hablamos de almohadas que suelen estar compuestas por material viscoelástico, lo que ayuda a una mejor adaptación de la postura del durmiente. Gracias a sus propiedades ergonómicas y su mencionada capacidad de adaptación, conseguimos la más correcta de las posturas al dormir, evitamos malos apoyos y reducimos la presión en las cervicales.

Por supuesto, además de usar este tipo de almohadas, otra de las premisas fundamentales que nos evitarán la aparición de la temida tortícolis no es otra que cambiar la postura con la que dormimos. Porque si duermes boca abajo o de lado tendrás más probabilidades de sufrir esta patología, lo ideal es que lo hagas boca arriba. De esta manera, la columna quedará recta, descansará más tu espalda y eliminarás la rigidez del cuerpo.

Además, es recomendable que cambiemos ciertas rutinas domésticas y cotidianas que pueden provocar su aparición. En este caso hablamos de situaciones tan normales como hablar mucho por teléfono en posturas forzadas y poco ergonómicas (o en su defecto, usar la opción de manos libres) y, sobre todo, evitar movimientos y posiciones bruscas que afecten al cuello. Para ayudarte, nada mejor que utilizar técnicas de relajación y estiramientos regulares en las cervicales.