¿Teletrabajas? La cama no puede ser tu oficina

Jul 29, 2021 | TE INFORMAMOS | 0 Comentarios

Llegó la pandemia y con ello el confinamiento. De repente, esa gran masa de empleados que iban a sus empresas para encender un ordenador y conectarse a Internet, pudieron hacerlo desde casa. Así nació la democratización del trabajo en remoto. Millones de personas conectándose desde su domicilio y buscando un lugar acogedor que pudiera encajar como zona laboral. Los más afortunados, con su propio despacho. Y los que menos, cogiendo el ordenador desde cualquier lugar y acabando proyectos a las 2 de la madrugada. Pero ni la cama puede ser tu oficina, ni podemos alterar los horarios regulares de antaño. Entonces, ¿cómo conciliar este nuevo estatus laboral?

El teletrabajo ya concierne a un 30% de trabajadores

Existen una serie de situaciones que alteran el orden natural de las cosas. E igual que los atentados del 11-S cambiaron la manera en la que viajábamos en avión, el maldito Covid ha revolucionado una serie de paradigmas sociales. Entre ellos, la masificación del teletrabajo. Lo que antes solo disfrutaban (o sufrían) ciertos profesionales liberales (diseñadores o del mundo audiovisual) y algunos autónomos, hoy ataña a casi un 30% de los empleados actuales.

Si bien es cierto que el trabajo en remoto cuenta con una serie de ventajas, no es oro todo lo que reluce. Comenzando por lo positivo, el teletrabajo nos ha traído lo siguiente:

– Comodidad: no tienes que ir en uniforme o traje, puedes trabajar en pijama y sentado en el sofá, disfrutas de la comodidad de tu propio hogar…

– Es más económico: al no desplazarte, no consumes gasolina o el dinero que gastas en transporte público

– Conciliación familiar y social: la flexibilidad en los horarios y el hecho de trabajar en casa te permite disfrutar más de tus seres queridos.

Tras estos puntos positivos, el teletrabajo también esconde su reverso oscuro. Obviamente, la flexibilidad en los horarios no solo está formada por cosas positivas, sino que también se puede tener en contra. El hecho de trabajar desde casa puede ser sinónimo de acabar más tarde o incluso por la noche. Es ahí donde comienzan ciertos contextos que no solo menguan tu salud mental, sino también la física. E incluso el descanso.

¿Por qué trabajar desde casa puede ser contraproducente para nuestro descanso?

En los párrafos anteriores has podido ver la secuencia de hechos que lleva del teletrabajo a problemas físicos. Lo que ocurre es que nuestras viviendas no están habilitadas y diseñadas para soportar un día a día laboral. Por lo general, las casas españolas disponen de habitaciones donde descansamos y un salón donde vemos la tele o comemos en familia. Es por ello que muchos de los trabajadores en remoto acaban realizando sus tareas laborales en cualquier parte de la vivienda.

Trabajar en la mesa del salón puede tener una lógica y es hasta práctico. Sin embargo, muchos de los novatos en esto del teletrabajo acaban optando por el sofá o, lo que es peor, la cama. Imagina estar realizando tareas con el ordenador desde el propio lugar donde duermes cada noche.

El estrés psicológico que encierra el hecho de trabajar en el mismo lugar donde descansas está provocado por la falta de conexión. A nuestro cerebro le va a resultar mucho más complicado saber en qué momento concentrarse y en qué momento relajarse.

Además, trabajar desde la cama es sinónimo de posturas corporales incorrectas. Pasar demasiadas horas en una posición rara con el ordenador apoyado en tu regazo puede provocar problemas musculares y lesiones en articulaciones, cuello o espalda.

Otro de los problemas en los que caemos con el teletrabajo es la ausencia de descansos. Posiblemente, el hecho de estar en remoto y tener que hacer acto de presencia online nos puede llevar a realizar demostraciones que no deberíamos. Algo que se transforma en 8 ó 10 horas en las que prácticamente no nos hemos levantado, cansando así vista, cuerpo y mente.