Los trastornos del sueño provocados por la pandemia

Abr 6, 2021 | TE INFORMAMOS


La influencia del COVID-19 no solo alcanzó la salud, la economía y las libertades de los ciudadanos. También su descanso. Fruto del confinamiento, las restricciones y el propio miedo a la enfermedad, las personas comenzamos a sufrir una serie de trastornos del sueño provocados por la pandemia. Una perturbación recurrente y de escala mundial. Analizamos estos trastornos y cómo combatirlos.

Cómo el Coronavirus cambió nuestra rutina del sueño y la calidad de nuestro descanso

De manera natural, y a causa de los ritmos de vida actuales, factores como la ambición laboral o la falta de trabajo, la conciliación familiar, los estudios, la salud y las cuestiones económicas, han podido influir en nuestra salud mental y física. Problemas y preocupaciones que nos causan estrés y ansiedad, mermando así el descanso nocturno. De repente, nos vemos dando vueltas y vueltas a la cama, sin poder dormir. Y sus consecuencias lógicas, es una merma del bienestar y la concentración al día siguiente.

Si ya de por sí todos los elementos anteriormente relatados ya influyen en nuestro descanso, el maldito 2020 nos trajo la pandemia provocada por el Coronavirus. A mediados de marzo nos encontramos encerrados en nuestras casas, con una incertidumbre total, y un aislamiento que lo único que provocó es un aumento exponencial del estrés y la ansiedad. El miedo a perder el trabajo, a los problemas económicos o a la salud de nuestros familiares se volvían más fuertes y preocupantes. ¿Cómo dormir por las noches en medio de una pandemia mundial? ¿Cómo íbamos a sortear las pesadillas?

Incluso meses después del confinamiento domiciliario, hasta los considerados como buenos durmientes aún tienen problemas para conciliar el sueño. Por todo esto dormimos peor:

Aumento de los niveles de estrés, ansiedad e incluso depresión

Desde marzo estamos más preocupados por la salud, por nuestros familiares, por el dinero, por el trabajo, por los niños, por las leyes que oscilan dependiendo de la fiereza del COVID-19. En definitiva, por el futuro y por nuestra propia vida.

El aislamiento derivado del confinamiento

Aunque ya no suframos el temido confinamiento domiciliario, las consecuencias aún se nota en nuestro descanso. Además, hoy en día estamos en plena era del cierre perimetral de ciudades, comunidades y regiones, lo que conlleva cancelación de planes y dejar de ver a seres queridos. Todo ello puede derivar en ansiedad o depresión.

Cambios y modificaciones en la rutina diaria y nuestros horarios

Hay personas que teletrabajan una semana, la otra de manera presencial y a la tercera semana del mes pueden estar sufriendo un ERTE. Y aún hay más. Si nos salimos de la conciliación laboral, la falta de vida social o la época del confinamiento derivó en una especie de ausencia temporal en la que todas las horas nos parecían la misma. Las consecuencias fueron la interrupción del ciclo natural de sueño-vigilia y problemas psicológicos o emocionales.

Aumento del uso del teléfono móvil, la Tablet o el ordenador

Ya sea por el propio teletrabajo o la ausencia de actividades laborales, familiares o sociales, el confinamiento nos llevó a un mayor uso de las pantallas. Las plataformas de streaming aumentaron los visionados de series, películas y documentales, las redes sociales se plagaron de contenido y nosotros vivimos más que nunca asomados a los dispositivos electrónicos. La luz azul que emite este tipo de aparatos interrumpe la producción de la hormona del sueño, fastidiando así el ciclo natural de sueño y vigilia.

Mayor consumo de alcohol y otras sustancias

Las personas con tendencias más adictivas e incluso las que no han tenido nunca problemas de esta índole han podido caer en el consumo abusivo de alcohol y otras sustancias. Ya sea para evadirse o aliviar el estrés y el aburrimiento, beber más de lo habitual ha llevado a una peor calidad del sueño.

Sueños más raros y mayor presencia de pesadillas

Incluso los durmientes que no han tenido tantos problemas de conciliación han visto cómo ha aumentado el número de noches en los que padecieron pesadillas. Las personas no solo hemos compartido temores, pérdidas de seres queridos o problemas laborales, también hemos compartido sueños raros y pesadillas.