¿Los bebés deben dormir con sus padres durante sus primeros meses de vida?

Abr 9, 2020 | NIÑOS, TE ACONSEJAMOS

Llamamos colecho a la práctica tan común de los bebes durmiendo con sus padres. Algo que se ha ejercido toda la vida por diversos motivos y que recomiendan todos los expertos. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué? ¿Existen otras opciones? ¿Cuál es la mejor postura para un niño recién nacido? ¿Hasta qué edad es bueno que compartan habitación con sus progenitores? Analizamos todo lo relacionado con cómo deben dormir los más pequeños.

La importancia de establecer una rutina del sueño desde sus primeros meses de vida

Si para nosotros, los adultos, resulta vital establecer una correcta rutina del sueño para mantener así una higiene que repercuta positivamente en nuestra salud, imagina lo importante que puede ser en los primeros meses de un recién nacido. Porque no es necesario que alcancen la edad escolar para que esto nos preocupe, una óptima orientación en este ámbito va a implicar una obligación para cualquier madre y para cualquier padre.

Igual que sucede cuando son algo más mayores y evitan el momento de la ducha o el propio de irse a la cama, la tendencia natural de los padres cuando escuchan a sus bebés llorar por la noche es el de llevarlos al lecho conyugal.

¿Dónde debe dormir el bebé?

Según dicen los expertos en sueño infantil, la ubicación correcta para los bebés es la de la cuna. Por mucho que pensemos que con pocos días, semanas o meses esto no tiene importancia, el hecho de acostarlos con nosotros puede llegar a acostumbrarlos, haciendo con ello más difícil la inevitable separación posterior. Solo en situaciones muy determinadas y que, sobre todo, van a tener relación con problemas de salud, debería estar permitido tener a los más pequeños en nuestras camas. Y, por supuesto, nunca convertirlo en una rutina. Con el paso de los años, si un niño se ha acostumbrado desde muy temprano a recibir el colecho por tener pesadillas nocturnas, más complicado le resultará conciliar el sueño por sí mismo y en su propia habitación.  Por tanto, antes de poder alcanzar estas viñetas cotidianas, hay que establecer una rutina del sueño al bebé.

Partiendo de la base de que la postura más correcta para los bebés según la American Academy of Pediatrics es la de boca arriba para disminuir las probabilidades de que sufra el síndrome de la muerte súbita del lactante, la rutina previa debería llevar unos 15 ó 30 minutos: acostarlos a la misma hora, en una cuna (o cama) que esté ubicada siempre en el mismo lugar, darles su peluche o manta favorita…

Resulta importante redundar en la importancia de que los más pequeños siempre duerman en el mismo lugar. Ya sea en una cuna durante sus primeros meses o en una cama al cumplir el par de años de edad, una misma estructura que aglutine ubicación, elementos y horarios regulares ayudará a la conciliación del sueño. Y en el caso de que los padres no cohabiten en la misma vivienda, realizar un esfuerzo para que todos los factores resulten lo más parecido posible.

¿Cuándo se debe cambiar a su propia habitación?

Respecto al debate recurrente sobre dormir en la misma cama o habitación de los padres, las concesiones deberían ir disminuyendo de manera progresiva hasta alcanzar los tres años de edad. A partir de ese momento de la infancia, el colecho puede provocar un mal desarrollo emocional de los más pequeños. Se coartaría su individualidad y se promovería una falta de seguridad en sí mismo, volviendo al niño dependiente e inseguro.

Poniendo ese tope máximo en los tres años, el concepto ideal en este aspecto nos muestra una estampa en la que el niño ya está durmiendo solo en su propia habitación entre los 3 y los 6 meses de edad. Tras esta primera etapa, además de ir fomentando la independencia del bebé también se logra un regreso a la intimidad por parte de los padres. Tras esta fase inicial, iremos a otra entre los 12 y los 18 meses de edad donde la ansiedad por la separación irá disminuyendo en el pequeño. Posteriormente, entre los 3 y 4 años, los hijos aceptan, asimilan y ven como algo normal esa especie de separación parcial respecto a sus padres. Una percepción que se refuerza con el colegio y las primeras amistades.

Por último, un inciso respecto a los miedos nocturnos. De sobra es sabido que muchos niños sufren pesadillas nocturnas, miedo a la oscuridad y proyectan en cualquier forma de la habitación horrorosos monstruos que los lleva al llanto desconsolado. Para mitigar este problema tan común, la ayuda de los padres va a resultar fundamental. Solo a base de una mezcla de paciencia, firmeza y persistencia se podrá lograr vencer esos temores y conseguir la tan deseada independencia de los pequeños. En cuestión de tiempo se logrará que los niños vean sus camas como un castillo inexpugnable donde ellos son los reyes y reinas.