¿Es bueno o malo dormir con el móvil al lado?

Abr 2, 2020 | MEJORA TU DESCANSO, TE ACONSEJAMOS

Vivimos tan pegados a ellos que hemos llegado al punto de dormir con el móvil. Piénsalo. Normalmente la rutina es la siguiente: apagas la televisión, te levantas del sofá, acudes al baño para lavarte los dientes, te pones el pijama y te acuestas en la cama. Y en todo momento has sostenido el teléfono en tu mano, haciendo un último repaso a las redes sociales antes de dormir. Una dependencia total que a última hora del día puede dificultar la calidad de nuestro descanso. Analizamos los porqués.

Olvídate de las ondas, el peligro del teléfono está en otro lugar

“Hace 1500 años, todos sabían que la Tierra era el centro del universo. Hace 500 años, todo sabían que la Tierra era plana. Hace 15 minutos, tú sabías que estábamos solos en el universo. Imagina lo que sabrás mañana”.

Siguiendo el speech que Tommy Lee Jones le decía a Will Smith para que este último ingresara en los ‘Men in black’, en el año 2000 nos preguntábamos para qué queríamos un teléfono móvil, en 2010 para qué servía un smartphone, hace dos años nos reíamos de los stories de Instagram y hace 15 minutos nos cuestionábamos la importancia de las nuevas redes sociales que están saliendo o incluso de los asistentes virtuales. Pero una vez asimilado cada proceso y su correspondiente función, hemos ido abrazando estos dispositivos hasta convertirlos en imprescindibles.

Y aunque por regla general es algo que está bien, que indica una evolución tecnológica y social, hemos acabado dependiendo demasiado de ellos. Como una extremidad más de nuestro cuerpo, lo último que solemos hacer antes de dormir es chequear las redes, contestar los últimos Whatsapp y, como nos despistemos, acabamos perdiendo 30 ó 40 minutos de sueño porque hemos acabado en YouTube o leyendo algún artículo online.

Pero esta costumbre tan extendida está afectando nuestro confort y la calidad de nuestro sueño. Y no por lo que seguramente estés pensando: las ondas y/o la radiación. No. Según dictaminan los estudios de algunos expertos, el verdadero culpable de la disminución de nuestro sueño es la luz.

Por ejemplo, un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences señalan que la luz que emite el teléfono móvil y a la que estamos expuesta segundos antes de irnos a dormir suprime niveles de melatonina, la hormona reguladora del propio sueño. Otra investigación, publicada en la revista Nature por Charles A. Czeisler, profesor de la Universidad de Harvard, indica que la luz artificial que emite nuestro smartphone activa nuestras neuronas cerebrales, provocando así que tardemos más tiempo en poder conciliar el sueño.

Un poco a menor escala, pero algo que también perjudicaría nuestra salud, encontramos otro estudio realizado en esta ocasión por un grupo de investigadores de la Universidad de Toledo (Ohio). Aún por determinar los resultados finales, estos científicos ya señalan que la luz azul de los teléfonos móviles podría estar dañando nuestra vista. En definitiva, y sin necesidad de incluir los cientos de estudios que relacionan este mal uso del smartphone con enfermedades mucho más graves, el problema es latente y está ahí.

Lo que sí sabemos sobre dormir con el smartphone

No lo decimos nosotros, lo dice la Organización Mundial de la Salud. Según este organismo, una hora de sueño menos de lo recomendado nos va a afectar al día siguiente de la siguiente forma: peor concentración, mayor número de decisiones incorrectas y tendencia al riesgo.

Pero, ¿por qué es tan perjudicial la falta de sueño? Sencillamente, porque el hecho de dormir menos que lo recomendado por los médicos facilita la aparición de enfermedades neurológicas y metabólicas. Y peor aún, existe una relación entre la falta de descanso y el riesgo a contraer cáncer, diabetes y otro tipo de patologías.

Y si la posibilidad de enfermar no es suficiente o te hace pensar eso de “a mí no me va a pasar”, un apunte más ligero y de calado socio-emocional. El hecho de irse a la cama con el teléfono móvil y estar trasteando con él en lugar de conversar con tu pareja o dejarle dormir en paz, es motivo suficiente para replantearte este hábito tan potencialmente nocivo.