En la cama, haz el amor y no la guerra

Dic 21, 2019 | PAREJA

¿Has tenido a veces la sensación de que la cama es un campo de batalla, en vez de un lugar de descanso? Acostarse, dar vueltas, deshacer la ropa de cama hasta que queda hecha un ovillo. Coger el móvil, la tablet y hasta el portátil. Libros, revistas y galletas. En tu colchón, ¡haz el amor y no la guerra!

Cuando llevamos a la cama otras actividades o la llenamos con nuestras preocupaciones, le estamos enseñando a nuestro cerebro que la cama es para otra cosa y, el cerebro, que es muy listo, enseguida lo aprende.

Una de las primeras cosas que nos dirá un psicólogo si le preguntamos sobre el insomnio, es que no debemos permanecer en la cama cuando estemos desvelados. Es mejor levantarse e iniciar una actividad relajante, como la lectura o escuchar música, hasta que nos sintamos adormecidos.

Totalmente prohibido queda llevar trabajo a la cama. Si lo hacemos nuestra mente realiza una asociación, vincula la cama con un lugar en el que estar alerta, por lo que luego, cuando queramos conciliar el sueño, será mucho más difícil.

¿Cómo enseñarle a nuestro cerebro que la cama es un lugar de descanso y placer?

Para empezar debemos considerar que el dormitorio es nuestro santuario. Debe estar siempre ventilado y limpio, con ropa de cama agradable que se adapte a nuestros gustos, en colores relajantes. Evitaremos los tonos estridentes y la decoración relacionada con el trabajo u actividades ajenas al descanso o el amor.

La habitación debe estar ordenada e incluir algunos elementos que nos resulten vinculados con la sensación de relajación y con la de hacer el amor, como puedan ser velas, ambientadores, cojines o recuerdos de pareja. La naturaleza de estos artículos es algo muy personal, en lo que merece la pena invertir algo de tiempo para decidir cuáles son los que más significativos nos resultan.

La temperatura debe ser agradable, no demasiado calurosa, ya que un poco de fresco nos ayudara a quedarnos dormidos.  Procura que la iluminación sea tenue y que invite a la intimidad.

Dormir y practicar sexo son dos actividades que se retroalimentan. Dormir bien nos permite tener la energía suficiente para que aumente el deseo y para que las relaciones sexuales sean más intensas. En el mismo sentido, hacer el amor nos ayuda a descansar mejor y a dormirnos con más facilidad.

Hacer el amor también es una actividad que se entrena. Si bien no siempre parece que tengamos la misma disposición o deseo, está comprobado que este aumenta con la práctica. Si después de sentirnos estresados trabajando en el despacho o en la sala de estar, nos refugiamos en la cama para obtener placer, aunque sea de forma rutinaria, la sensación de relajación y bienestar quedará asociada a la cama, por lo que con el tiempo, tanto el deseo sexual como la relajación y la sensación de sueño quedarán vinculadas a ese espacio.

En este mismo sentido, estar en la cama se asociará a sentirse liberado, sin complejos, desnudo. Esto alejará de nosotros las inseguridades y la tendencia a la rumiación de pensamientos, ya que allí seremos nosotros mismos.  Un espacio privado donde no tienen cabida complejos ni preocupaciones. Estar en la cama significa quererte y mimarte, encontrarte contigo mismo y con tu pareja.