Ejercicios de relajación para niños

Sep 13, 2021 | NIÑOS, TE ACONSEJAMOS | 0 Comentarios

La actividad diaria de los pequeños de la casa puede llegar a ser agotadora. Así, mientras los adultos vamos bajando el ritmo conforme avanza el día, los niños son incansables y nunca ven la hora de acostarse. Normalmente, suele ocurrir que llega la hora de irse a dormir y no hay forma de conseguirlo. En muchos casos, estos momentos pueden convertirse en una pesadilla para muchos padres.

La solución para evitar este tipo de “enfrentamiento” que se produce tan a menudo es intentar relajarlos para que se vayan a la cama sin rechistar. Para ello, puede ser una buena idea crearles una serie de rutinas cuando acaban de cenar e ir habituándolos a que a determinada hora tienen que irse a dormir.

Para eso es aconsejable la práctica de algún tipo de ejercicio de relajación que les tranquilice y, a la vez, les induzca al sueño. Por eso, si quieres que tus hijos se vayan a dormir sin problemas, puedes echar un vistazo a las actividades que puedes practicar con ellos antes de acostarse.

Opciones para que tus hijos se relajen

La práctica de los ejercicios de relajación para los niños dependerá de los gustos y preferencias de cada uno de ellos. En cualquier caso, nuestro consejo es que se eviten en la medida de lo posible los juegos que conlleven mucho nivel de actividad ya que les podría poner más nerviosos y conseguiríamos el efecto contrario.

Contar cuentos

Los niños suelen dejar volar la imaginación continuamente. Así, mientras les contamos un cuento, se amplía su capacidad de percepción. Además, los cuentos infantiles fomentan el interés por la lectura ya que fortalecen su imaginación y contribuyen al desarrollo de diferentes habilidades.

Las historias que se narran les hacen vivir como propias por lo que les sirve para ejercitar la memoria y aprender valores que no conocen. Por otra parte, es una forma sencilla de estrechar las relaciones afectivas paterno filiales.

Escuchar música

La música es un relajante natural que ofrece muchas ventajas cuando se necesita un poco de tranquilidad. Así, es una buena opción para la implantación de las rutinas que los pequeños necesitan a la hora de irse a dormir.

Si los niños escuchan una melodía habitualmente, pueden asociarla a una determinada tarea. De la misma manera que se utilizan en los colegios para marcar la hora de recreo o de salida de clase, conviene utilizarla como advertencia de que se acerca la hora de irse a dormir.

Nuestro consejo es que elijas melodías tranquilas como la música clásica, porque además de relajarlos aumentan sus capacidades de atención y concentración. Los beneficios de la música, además de ser una opción para que adquieran un hábito, influyen en el aumento de la autoestima y en el control de sus estados de ánimo.

Colorear

Por lo general, colorear es una actividad relajante y divertida que les gusta a todos los niños. Con ella, pueden dar rienda suelta a su imaginación y a la vez les hace concentrarse en un objetivo concreto. Por eso, mientras van practicando, relajan la mente ayudándoles a coger el sueño fácilmente.

Además de desarrollar su creatividad, mientras pintan reducen el estrés y la ansiedad. Al margen de proporcionarles la relajación necesaria para que no den problemas a la hora de dormir, les ayuda a desarrollar la psicomotricidad fina. De esa manera, perfeccionan sus habilidades intentando no salirse del contorno de los dibujos que están coloreando.

Darse un baño caliente

Sumergirnos en agua caliente genera una sensación de bienestar que ayuda a tranquilizarse y a conciliar el sueño con facilidad. En el caso de los niños pequeños, con más motivo, es una de las rutinas que no conviene olvidar si queremos que se vayan a la cama relajados.

Un baño caliente relaja los músculos, estimula la circulación y mejora el sistema respiratorio. Por eso es habitual bañar a los niños por la noche antes de irse a la cama, ya que les aporta los beneficios necesarios para que reduzcan su actividad.

En cualquier caso, nuestro consejo es que mantengas la calma. Así, si los niños nos notan nerviosos e irritados, nos costará mucho más conseguir nuestro objetivo de tranquilizarlos. Por lo tanto, lo mejor es armarse de paciencia y empezar a practicar cuanto antes. ¡A dormir!