¿Cómo afecta el invierno a nuestro descanso?

Dic 13, 2020 | TE INFORMAMOS

El descenso drástico de las temperaturas, hasta el punto de alcanzar grados negativos en algunas partes del país y el estiramiento de las noches (mucho más largas que durante el resto del año), pueden llegar a hacernos pensar que es la mejor época para dormir. Sin embargo, hablamos de una estación con ciertas connotaciones que pueden provocar todo lo contrario: dificultades en la conciliación nocturna y el sueño. ¿Por qué el invierno afecta a nuestro descanso?

Algunas de las razones por las que el invierno influye en nuestro descanso

Uno de los placeres más sencillos y económicos que existen para el ser humano se produce en esta época del año. Dormir. ¿Por qué el invierno tiene tanta influencia sobre nuestros ciclos del sueño?¿Cómo puede ser que, cuanto más deseamos dormir, menos podemos lograr una noche de sueño?

Aunque no existe una realidad absoluta, encontramos ciertas razones por las que podemos padecer de insomnio durante el invierno o, como mínimo, un descenso de la calidad de nuestro descanso. Factores externos (y muy obvios) como ciertas condiciones climatológicas pueden llegar a interrumpir algunos de nuestros procesos más naturales.

Recibimos menor cantidad de luz solar

Aunque ya a finales de agosto podemos notar como los días van perdiendo minutos, encontramos el verdadero detonante con el cambio de hora que realizamos en octubre. A partir de ese día, el número de horas de luz natural que recibimos se reducen de manera drástica. Este factor externo origina una situación en la que se suprime la liberación de melatonina, la hormona que nos avisa de que ha llegado el momento de irnos a dormir.

En invierno, al tener una menor cantidad de horas solares, nuestro cuerpo pierde un poco la noción de distinguir entre el día y la noche. Esto causa una situación algo contradictoria en la que, por un lado, podemos tener más deseo de dormir, por el otro, la conciliación del sueño puede verse afectada. Además, esta falta de luz también altera nuestro estado de ánimo, encontrando mayor número de casos de trastornos psiquiátricos como la depresión o la ansiedad.

Sufrimos demasiados cambios bruscos de temperatura

Al comenzar el invierno y recibir el frío, sacamos de nuestros armarios la ropa más abrigada e incluso abrimos el canapé para sustituir los juegos de sábanas más frescos por el nórdico, su relleno y las mantas. En casa tenemos la calefacción hasta arriba, mientras que en el trabajo siempre hay algún compañero que juega con el termostato como si fuera el mando de una videoconsola.

Este vaivén de temperaturas se convierte en una oscilación que puede llegar a interrumpir el proceso natural del sueño del cuerpo. Si, por regla general, nuestro cuerpo se enfría cuando dormimos, nosotros lo hemos sometido durante todo el día a cambios tan bruscos que alteran nuestro descanso. Además, de sobra es sabido que el invierno es sinónimo de resfriados o gripes, lo cual también puede alterar nuestro sueño.

Estamos sometidos a mayor nivel de estrés

Aunque nos exponemos durante todo el año a escenarios que pueden provocarnos mayor agobio y ansiedad (conciliación familiar, proyectos laborales…), en invierno pueden llegar a colindar todas estas situaciones. Al tratarse de una época más alejada del interruptus que supone el verano, el ritmo de vida ha alcanzado su punto máximo, provocando un estrés que indudablemente va a perjudicar nuestro sueño y nuestro descanso.

Caemos en el error de no mantener una dieta sana y equilibrada

Tras la operación bikini que da paso al verano, la estación estival comienza el festín de cenas copiosas y mayor ingesta de alcohol. Un relajamiento que en invierno puede encontrar su clímax, al verse añadida otra causa para el desajuste de comidas. Como tenemos la excusa del frío, podemos caer en la tentación de comer más carbohidratos de los necesarios.. Todo esto unido a un descenso de la actividad física (el frío nos quita las ganas de hacer deporte), provoca durmientes con el estómago más lleno.